domingo, 5 de febrero de 2023

«El uso constante del celular»

 Recuerdo que nunca tuvimos la preocupación del teléfono cuando éramos niños. Es más, no teníamos uno de estos equipos en la casa. Los juegos eran en la calle y nadie estaba atento al sonido de un celular. Incluso, las coordinaciones eran en la propia vía y acordábamos cuándo sería la próxima reunión, lo cual se cumplía. Quizás bastaba un silbido para que todos se reúnan en la cancha a jugar al tan amado fútbol, el trompo, las escondidas, las canicas, el tumbalatas (kiwi) y otros tantos juegos. Nuestra atención estaba únicamente dirigida a esta diversión.

             Además, nos reuníamos en familia a visualizar las fotos y los videos de algún momento especial. Los mayores se encargaban del revelado del rollo de fotos y de recoger el video para disfrutarlo en el VHS o el DVD. Por ende, la casa se convertía en una fiesta y hasta nos abrazábamos de la algarabía. Asimismo, lo que sazonaba estos momentos gratos era la espera, pues todos aguardábamos con ansias la entrega de estos recuerdos eternos por parte de los estudios fotográficos. Aunque no lo crean, la espera le daba emoción a nuestras vidas y hasta ya teníamos listo el popular álbum. En realidad, era una bonita sensación.

             Si faltábamos al colegio, era necesario ir a la casa de un amigo a copiar la tarea. No era como ahora que te envían rápidamente una foto de las lecciones. Esto era otro punto de interacción entre los compañeros de clase. Podríamos citar muchos ejemplos más e incluso concluimos que ahora los procesos son más rápidos en la vida laboral. Sin embargo, la eficiencia no siempre está atada a las grandes velocidades y tampoco olvidemos que la aceleración también puede ser negativa.

             Después de muchos años, aparecieron los celulares. Estos equipos eran simples y permitían comunicarnos con mayor facilidad. Ahora existen más sofisticados, lo cual nos acerca al mundo y a la vida de las personas. Esto es muy útil para la vida profesional, la educación, la amistad, la cultura, las coordinaciones familiares, etc. Esto último no se puede negar. No obstante, se aprecia que los niños consumen bastantes horas jugando con estos artefactos y, lastimosamente, muchas personas son más vulnerables.

             La comunicación con un familiar o un amigo de otra ciudad u otro país se esperaba con entusiasmo, debido a que se tenía programado el horario de su llamada o compartíamos tiempo en familia al redactarle alguna carta. Ahora es más rápido y, por consiguiente, evaluemos si la emoción es la misma. Además, no es justo que pasemos más tiempo mirando el celular en situaciones triviales cuando nos sentamos alrededor de la mesa frente a la familia o intentamos jugar con los niños. Inclusive, algunas parejas salen a almorzar o cenar, pero el diálogo se extingue entre ellos, porque ambos terminan hipnotizados en sus respectivos equipos.

             Cierta vez, escuché decir que la vida debe tener un equilibrio, lo cual es muy difícil de alcanzar. Por lo tanto, meditemos sobre la mejor decisión que debemos tomar al respecto..

 

¡GRACIAS POR DEDICARME UN POCO DE SU VALIOSO TIEMPO!

 

 

Atentamente,

Alejandro Javier Guerra Díaz

domingo, 22 de enero de 2023

«NUEVAMENTE, EL IDIOMA INGLÉS»

 Siempre me nació la curiosidad de saber cómo se pueden comunicar muchas personas con un idioma diferente al mío. Realmente, es sorprendente la cantidad de dialectos que existen. En mi caso, recién conocí el inglés en el nivel secundario del colegio. Como era un hispanohablante, reconozco que tuve muchos traspiés con esta nueva lengua. Incluso, aún tengo muchos dolores de cabeza con este aprendizaje. 

            Mi paso por la universidad, a casi inicios del año dos mil, también estuvo marcado por el inglés. A pesar de que mi conocimiento en este idioma era casi nulo, recuerdo aquellos días cuando en la biblioteca leía o intentaba traducir los textos de ingeniería en inglés. Por supuesto, que más me dedicaba a revisar el diccionario que el propio libro de mi carrera. Nuevamente, buscaba uno más, pero lo hallaba en este inesperado dialecto. En consecuencia, tenía que buscar otros ejemplares en mi lengua materna. Esto me creó dos mundos en la computadora que hacíamos la reserva de los libros: uno en castellano y otro en inglés. Por esta razón, sentía pena, pues no podía saborear de aquella literatura en las letras natales de mis autores favoritos, por lo que solo me conformaba comprando sus obras en español en las librerías de la antigua Plaza Tres Culturas de Piura, Perú. 

            Posteriormente, tuve que iniciar mi primer nivel de inglés, el cual era un requisito indispensable para continuar en la facultad de ingeniería. El primer día de clases, aquella noche del caluroso verano del año dos mil, no le entendí a la profesora cuando me dijo que podía ingresar al salón. Esto fue muy impactante, ya que la miré desconcertadamente y, sobre todo, la veía como un ser extraterrestre, porque estaba cerca de alguien que dominaba esta lengua. Cada clase se me hacía una eternidad, debido a que no entendía lo que explicaba la maestra. Además, me sorprendía que los colegiales, igualmente compañeros de clase, conocían muy bien esta materia. Asimismo, lo que más rápido tuve que aprender fue cómo pedir permiso para ir a los servicios higiénicos, puesto que esto se solicitaba únicamente en inglés. 

            Tenía que estudiar cuatro ciclos de este idioma. Como era de esperarse, el último ciclo lo cursé después de mi graduación. Aprendí algunos conceptos, pero no tenía la capacidad de llevar una conversación extensa. Luego perdí la oportunidad de ser contratado en dos empresas multinacionales incluyendo capacitación en el extranjero. Lo que más lamento, como un simple literato, es que no he podido leer fluidamente en inglés las obras de algunos de mis escritores favoritos. Además, tampoco he podido traducir mis libros y algunos otros escritos a dicha lengua, pues esto me va a consumir demasiado tiempo. 

            Ahora, en Malta (Europa), me sorprendí al ver un país lleno de cultura y del idioma inglés. Es necesario saber este dialecto para conseguir un empleo y, especialmente, para afrontar la vida diaria. Acá es diferente la pronunciación de los profesores y de los alumnos que también vienen de otros países. Prosigo en mis clases; no obstante, creo que debemos evaluarnos si deseamos abrir nuestro panorama para abarcar otros mercados y cuál es nuestro verdadero nivel de inglés. 

            Finalmente, será nuestra responsabilidad decidir qué es lo mejor, porque la libertad es maravillosa.

 

¡GRACIAS POR DEDICARME UN POCO DE SU VALIOSO TIEMPO!

 

 

Atentamente,

Alejandro Javier Guerra Díaz