Recuerdo que nunca tuvimos la preocupación del teléfono cuando éramos niños. Es más, no teníamos uno de estos equipos en la casa. Los juegos eran en la calle y nadie estaba atento al sonido de un celular. Incluso, las coordinaciones eran en la propia vía y acordábamos cuándo sería la próxima reunión, lo cual se cumplía. Quizás bastaba un silbido para que todos se reúnan en la cancha a jugar al tan amado fútbol, el trompo, las escondidas, las canicas, el tumbalatas (kiwi) y otros tantos juegos. Nuestra atención estaba únicamente dirigida a esta diversión.
Además, nos reuníamos en familia a visualizar las fotos y los videos de algún momento especial. Los mayores se encargaban del revelado del rollo de fotos y de recoger el video para disfrutarlo en el VHS o el DVD. Por ende, la casa se convertía en una fiesta y hasta nos abrazábamos de la algarabía. Asimismo, lo que sazonaba estos momentos gratos era la espera, pues todos aguardábamos con ansias la entrega de estos recuerdos eternos por parte de los estudios fotográficos. Aunque no lo crean, la espera le daba emoción a nuestras vidas y hasta ya teníamos listo el popular álbum. En realidad, era una bonita sensación.
Si faltábamos al colegio, era necesario ir a la casa de un amigo a copiar la tarea. No era como ahora que te envían rápidamente una foto de las lecciones. Esto era otro punto de interacción entre los compañeros de clase. Podríamos citar muchos ejemplos más e incluso concluimos que ahora los procesos son más rápidos en la vida laboral. Sin embargo, la eficiencia no siempre está atada a las grandes velocidades y tampoco olvidemos que la aceleración también puede ser negativa.
Después de muchos años, aparecieron los celulares. Estos equipos eran simples y permitían comunicarnos con mayor facilidad. Ahora existen más sofisticados, lo cual nos acerca al mundo y a la vida de las personas. Esto es muy útil para la vida profesional, la educación, la amistad, la cultura, las coordinaciones familiares, etc. Esto último no se puede negar. No obstante, se aprecia que los niños consumen bastantes horas jugando con estos artefactos y, lastimosamente, muchas personas son más vulnerables.
La comunicación con un familiar o un amigo de otra ciudad u otro país se esperaba con entusiasmo, debido a que se tenía programado el horario de su llamada o compartíamos tiempo en familia al redactarle alguna carta. Ahora es más rápido y, por consiguiente, evaluemos si la emoción es la misma. Además, no es justo que pasemos más tiempo mirando el celular en situaciones triviales cuando nos sentamos alrededor de la mesa frente a la familia o intentamos jugar con los niños. Inclusive, algunas parejas salen a almorzar o cenar, pero el diálogo se extingue entre ellos, porque ambos terminan hipnotizados en sus respectivos equipos.
Cierta vez, escuché decir que la vida debe tener un equilibrio, lo cual es muy difícil de alcanzar. Por lo tanto, meditemos sobre la mejor decisión que debemos tomar al respecto..
¡GRACIAS POR DEDICARME UN POCO DE SU VALIOSO TIEMPO!
Atentamente,
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